Gitanos, personas con discapacidad, inmigrantes, drogodependientes…
¿Estás encasillado?
Quedó pendiente, hace unos meses, “la historia del árbol que guardaba las historias” (…)
Me contó no hace mucho, mi cuentacuentos particular que, un día, un joven estudiante observaba sobrecogido cómo varios operarios municipales arrancaban de cuajo y sin control varios árboles del campus universitario con el fin de construir un nuevo pabellón para una de las facultades de la Ciudad Universitaria. Un abuelete se acercó a él, y le contó la historia del árbol que precisamente en esos momentos se elevaba del suelo para ir a parar al remolque de un camión.
- Yo planté ese árbol, cuando era un lozano muchacho como tú. Le vi crecer, porque venía de vez en cuando a contarle historias. Cuando fue lo suficientemente robusto, vine con menos frecuencia, porque a su sombra se refugiaban jóvenes estudiantes que, sin quererlo, le contaban otras historias. No me gustaría que todas esas historias que este árbol guarda se perdieran. ¿Por qué no coges una de esas pequeñas y frágiles ramas y lo plantas en algún otro lugar? De esa forma, las historias permanecerán en el nuevo árbolito, y podrá seguir creciendo si le cuentas otras nuevas.
Y el joven estudiante no se lo pensó dos veces. Recogió aquella pequeña rama y la plantó. Le contó nuevas historias, hasta que sus raíces fueron lo suficientemente fuertes como para trasplantarlo en la plaza de un pueblo de la sierra de Madrid. Pero el joven estudiante quería asegurarse de que ese árbol seguía escuchando historias, para poder seguir creciendo. Por eso, juntó a los niños del lugar y les contó el cuento del árbol que guardaba historias. Y ese arbolito ya ha alcanzado el tamaño de aquél que era arrancado de cuajo en la Ciudad Universitaria. A su sombra, escucha las historias de los ancianos del lugar; las de jóvenes amantes en las oscuras noches de verano; las de los que van de paso y sobre todo de las de los que son ahora niños y conocen su leyenda y quieren contribuir, con sus historias, a que el árbol sea cada vez más grande y a que bajo sus ramas puedan refugiarse, cada vez, más contadores de historias.
Yo no he parado de contárselas a mi baobab.

Parecía que, como ocurrió con el calor este verano, el frío no iba a llegar nunca. Pero llegó, acompañado del agua, ¡y de qué manera! De un día para otro y todos, claro, desprevenidos. Tan de sorpresa nos pilló que a lo que más olía ayer era a naftalina. Al principio pensaba que era algo que llevaba yo encima, pero luego me di cuenta que a veces, cuando se te acercaba alguien lo suficiente como para oler su… ‘perfume’ era cuando aparecía ese olor a las bolitas de la ropa. ¡Claro! Se ve que todo el mundo debió amanecer y correr al armario y al trastero a buscar el abrigo de invierno. Y por eso olía a naftalina en la panadería; en la librería; en la cafetería… Con el aire que hizo ayer… no habrá tardado en desaparecer.
La foto es de etringita
El caos invade cada rincón. Cada pequeño espacio dominado apenas hace unas horas por el orden. La incertidumbre de lo desconocido se adueña de la seguridad de la costumbre. Cartones, cajas, polvo, vacío. Otro fin. Otro principio.

La foto es de hipocondríaca
Acabo de encontrar en la red este anuncio de una Organización Australiana que investiga sobre la esclerosis múltiple. El anuncio se titula “Used By”, que es precisamente lo que lleva la mujer tatuado por todo su cuerpo. Significa “Usar Antes de” y viene a decir que cuando tienes esclerosis múltiple no sabes qué será lo próximo que caduque.

Creo que ha sido la luz, junto con el hecho de que sea un desnudo de mujer el elemento utilizado para lanzar el mensaje, lo que me ha recordado este otro anuncio del que tanto se habló cuando se lanzó en Italia. En este caso no es de ninguna ONG, sino de la marca de moda Nolita, que aprovechó la semana de la moda femenina de Milán para el lanzamiento.

La verdad es que antes de verlos juntos… me daba la impresión de que se parecían más.