Dormir al raso

Aquella mañana, cuando pasó junto a ellos,  recordó el regalo que el cielo le hizo hace unos días. Millones de estrellas, tantas como nunca antes había visto, bailaban sin aparente orden sobre sus ojos. Entonces, disminuyendo el ritmo del paseo y buscando de reojo asomar alguna cabeza bajo la amalgama de cartones y mantas bajo las que se refugiaban, imaginó su expresión si el cielo les obsequiara, alguna noche, con el espectáculo que esconde fuera de la ciudad en una noche sin luna.

 

Foto: Fort Photo

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2 comentarios to “Dormir al raso”

  1. elisa Says:

    Es verdad, la noche en el campo, en el pueblo, es completamente distinta, lejos de las luces de la ciudad que tapan las estrellas (cuando hay suerte y sólo hay luces, no contaminación) la visión es increíble. Recuerdo irnos de pequeños a la carretera todos los amigos del pueblo y callados, mirar las estrellas. ¿sabes? ¡¡me han dado ganas de hacerlo otra vez!!!

  2. Peter Punk Says:

    Estoy de acuerdo con Eli, en mi pueblo hay además un mirador increíble para poder ver las estrellas…
    y en Bolivia, parecía que las estrellas estuvieran más cerca cuando salía al patio de la guardería, no había apenas luz.

    Muy linda la entrada!

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