Archive for the ‘libros’ Category

Para romper el silencio

abril 23, 2008

Cinco recomendaciones literarias, en el día del libro, para romper el silencio de las últimas semanas…

  1. Ébano, de Ryszard Kapuściński
  2. Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago
  3. El lobo estepario, de Herman Hesse
  4. El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry
  5. Vida de Pi, de Yan Martel

También os remito al post relacionado con el día de hoy que más me ha gustado de los que he leído hasta ahora. Comunicación Cultural inaugura una sección titulada palabras olvidadas. Interesante y prometedora. ¡Habrá que vigilarla!

Rectificar es de sabios y errar, de humanos

febrero 29, 2008

Hace unos meses presencié un episodio de acusaciones varias y disculpas acertadas.  La confianza en determinado individuo se puso en tela de juicio, con ella su reputación. El individuo en cuestión pidió, desde mi punto de vista, acertadas y convincentes disculpas ante quienes así se lo solicitaron.

Me remito a un reciente post de Ignacio Duelo, “las cinco formas de pedir perdón” , que a su vez se remite a un texto de Jennifer Thomas, autora del libro “The Five Languages of Apology”.  Resume Duelo en su post, estas cinco formas de disculpa, que traslado al caso concreto del que fui testigo:

1. Expresar arrepentimiento.
2. Aceptar la responsabilidad
3. Remediar el daño causado.
4. Mostrar que no volverá a suceder.
5. Pedir perdón explícitamente.

Con respecto a la 1, la 2 y la 5, sin duda, el individuo en cuestión así lo hizo. Con firmeza y determinación. De forma explícita, aceptando la totalidad de la responsabilidad, y desde luego arrepentido de la sucesión de los hechos. Con respecto a la 3, he de decir que serán el tiempo y la evolución de los acontecimientos  los que determinen si el daño es reparable. En su disculpa sin embargo, no quedó muy claro si en el futuro el hecho volvería a suceder. Entiéndanme, pues no quiero incitar al error:  Expresó que el hecho en sí no ocurriría de nuevo, pero también que volvería a repetir determinadas iniciativas que le llevaron tomar la determinación de su acción.

En cualquier caso las disculpas, expresadas personalmente, reflejaron la credibilidad suficiente como para que esta persona recobrara la confianza de quienes habían puesto en tela de juicio su ética profesional.

Reconocer los errores de uno mismo es una virtud de la que carecen muchos líderes.  Ser capaz de rectificar y reconocerlos públicamente, todavía de menos. Porque todos somos humanos y porque por ende todos erramos,  quienes juzguen deben además valorar la trayectoria del juzgado. 

Quiero remitirme de nuevo, como en el post anterior, a “Futbol a sol y a sombra” de Galeano, y de nuevo otra vez, al capítulo de “El Arquero”.  ¿No es extrapolable esta situación a tantas y tantas otras situaciones que se dan día a día en entornos laborales y profesionales? “La multitud no perdona al arquero. ¿Salió en falso? ¿Hizo el sapo? ¿Se le resbaló la pelota? ¿Fueron de seda los dedos de acero? Con una sola pifia, el guardameta arruina un partido o pierde un campeonato, y entonces el público olvida súbitamente todas sus hazañas y lo condena a la desgracia eterna. Hasta el fin de sus días lo perseguirá la maldición”

Si el Arco Iris; es bonito, ¿verdad?

febrero 5, 2008
  
arcoiris.jpg

Entreabrió los ojos, y, al instante, percibió el resplandor que se filtraba por la rendija del cuarterón, mal ajustado, de la ventana. Contra la luz se dibujaba la lámpara de sube y baja, de amplias alas –el Ángel de la Guarda- la butaca tapizada de plástico rameado y las escalerillas metálicas de la librería de sus hermanos mayores. La luz, al resbalar sobre los lomos de los libros, arrancaba vivos destellos rojos, azules, verdes y amarillos. Era un hermoso muestrario y en vacaciones, cuando se despertaba a la misma hora de sus hermanos, Pablo le decía: “Mira Quico, el Arco Iris”.  Y él respondía, encandilado: “Si el Arco Iris; es bonito, ¿verdad?”

Miguel Delibes. El príncipe destronado
Foto: Claudio González

Rebuscando entre las estanterías

diciembre 8, 2007

libros.jpgAcabo de terminar de leer un libro. Uno de esos ladrillos de 500 páginas -mal llamados best-seller– que en apenas un año desde su publicación cuentan con 10 ó 12 ediciones.  No soy muy dada a este tipo de lecturas facilonas, ficciones con un cierto contexto histórico que aunque traman argumentos bien construidos pero que en la mayoría de las ocasiones  llegan a perder, por la vorágine poco seleccionada de acontecimientos o por el anhelo de conseguir un número de páginas, la principal virtud que puede adornarles: el entretenimiento.

Como decía no suelo decantarme por este tipo de novelas, pero reconozco que de vez en cuando actúan como una terapia que me impulsa a hacer un ejercicio de reflexión antes seleccionar la siguiente lectura. Es, como esas tardes en que llegas a casa y necesitas, (repito: NECESITAS) tragarte tres cuartos de hora de lo que te pongan en televisión. Que tu mente desconecte y tu conciencia te permita el gusto de descojonarte de las frivolidades y ridiculeces de los tipos de Gran Hermano o de lo patético que resulta ver a Arturo Balls y a Fernando Tejero en una serie tan cutre como Gominolas.

Y como no quiero caer en un circunloquio (esto lo rescato de  otra reciente lectura, En El Cielo con Diamantes, de Senel Paz) retomo el tema de lo bien que sienta un superventas para descansar las neuronas y disfrutar de cada párrafo de la próxima lectura. Tengo pocos pendientes de leer en mi biblioteca (se imponen unas compras) y dudo entre Música para Camaleones (Truman Capote), Buzón de Tiempo (Mario Benedetti) o El Asalto (Reinaldo Arenas). Necesito algo más reciente. Definitivamente tengo que ir de compras.

Los invisibles

julio 11, 2007

“ahora que todo ha terminado me pregunto qué ha significado toda esa historia nuestra todo lo que hemos hecho él dijo no creo que sea importante que todo haya terminado pero creo que lo imporante es que hemos hecho lo que hemos hecho y que creemos que ha sido justo hacerlo eso es la única cosa importante creo yo”

Nanni Balestrini. Los invisibles.