Archive for the ‘viajes’ Category

¿África?

noviembre 24, 2009

Habíamos preparado el viaje.  Visitado sitios en Internet en los que pudimos echar un ojo a aquellos lugares por los que sabíamos, y otros por los que intuíamos, íbamos a pasar: Fish River Canyon, Sossusvley, el interior de Botswana…  rincones en los que en toda foto publicada se imponía el amarillo, el ocre y el polvo. Pero, y es lo positivo de viajar por carretera, nuestros sentidos encontraron un paisaje inesperado. Nos adentrábamos kilómetro a kilómetro, en Cederberg Mountains, donde toda la gama imaginable de los verdes acompaña a los viajeros hasta la frontera, al norte, con Namibia.


Pero todavía en Sudáfrica, con apenas 300 km recorridos, y de lleno en Cederberg, acampamos en Gekko Backpackers (cuyo encargado, era un sudafricano pequeñito, pelirrojo, con piratas y descalzo, que bien podría haberse escapado del FIB) y damos una vuelta por los alrededores antes del anochecer. Con un ojo en el suelo por aquello de los escorpiones, con otro en un cielo en el que por mucho que buscaras era imposible encontrar una nube,  y de la mano de un guía local encontramos y descubrimos parte de la flora, fauna  y arte rupestre de la zona. 

Con la noche,  el frío ¡y qué frío! (¿Pero esto no era África? ¿Que con un saco sábana es suficiente?) … y también las estrellas. Cientos de ellas. Falta la Estrella Polar, pero allí, para no perder el rumbo, en toda noche despejada aparecerá la Cruz del Sur.

Cape Town Airport

septiembre 28, 2009

Cuando uno aterriza en Cape, habiéndolo hecho antes en Marrakech o Dakar, no puede menos que esperar el ajetreo de locales compitiendo por recoger en sus taxis, no siempre legales, a los inocentes blancos que con los bolsillos llenos de dólares inician su periplo en busca de increíbles postales, ritmos vivenciales o las más ancestrales tribus africanas.

Ya en el aeropuerto Cape anuncia que está lejos de esa frenética locura que te grita en voz alta,  apenas puesto un pie en el suelo , que acabas de llegar a África.  Al menos consigue que ese turista  que apenas pasará allí unas horas antes de iniciar una ruta de safaris, o zambullirse en busca de  tiburones blancos, se lleve la impresión de que es una ciudad moderna, que ha aprendido de Europa y un destino ideal para albergar a buena parte de los más de 450.000 visitantes que se prevén durante la celebración del Mundial de Fútbol de 2010.

Ese ligero perfume a Europa continúa en el centro de la ciudad, en Long Street y alrededores, zona habitual de backpackers y hostales de una noche. Tan sólo el sol, que se empeña en acostarse antes, parece querer indicarnos que de verdad hemos llegado, aunque estemos deseando salir de esta ciudad que ha decidido esconder la magia de África para quienes deseen tomarse el tiempo necesario para descubrirla.

capetown

La maleta de los perfumes

mayo 4, 2009

maleta 

Entra sin hacer ruido. Podría pasar desapercibido, pero su singular silueta se lo impide. Sesentón de piel curtida y frente prominente, camisa blanca y maleta raída. Intercambia unos minutos con el dueño del local. Sonríen. Mientras le sirven un té, observa el lugar, a cada uno de los extranjeros que ocupamos las escasas mesas. Con la misma calma con la que entró se acerca a la primera de ellas y deja, como sin quererlo, un cuaderno sobre la mesa. El abuelo de la maleta disfruta de su té y de la conversación, antes de convertirse en protagonista junto al grupo de europeos que mientras leían su cuaderno, no dejaban de mirarle. Se sienta con ellos y les muestra un álbum de fotos antes de abrir la roída maleta, que ha permanecido en un discreto segundo plano. La mesa se convierte entonces en un mostrador acostumbrado a esta improvisación. Es un mundo de sensaciones, encerrados en pequeños frascos que esconden fragancias de todo tipo ante las que hechizados sucumben nuestros compañeros europeos tras el habitual regateo. Segunda mesa, cuaderno, fotos, fragancias. Nos toca el turno. El cuaderno recoge las impresiones de tantos clientes que han pasado antes que nosotros por este trance. Las fotos son de su jardín. Miles de plantas y árboles que cultiva con esmero y la ayuda de su familia. La maleta de los perfumes nos embriaga y el abuelito de la maleta, sigilosamente, nos embauca.

Agra. Septiembre de 2008.

Un atípico primero de mayo

mayo 8, 2008

Hacía mucho que no viajaba por el puente de mayo. Por eso, llevaba muchos años asistiendo a la manifestación por el Día Internacional de los Trabajadores en Madrid. Este año, amanecí el 1 de mayo en Alghero, Cerdeña. Nada hacía intuir que, de otra forma, acabaría en una celebración por este día. Y lo hice en compañía de más de un centenar de aldeanos sardos, en un comedor popular junto a la Basílica de la Santíssima Trinità de Saccargia.

Resultaba un desvío obligado en nuestro camino hacia la costa este, hacia Nuoro. Apenas 15 kilómetros fuera de la autopista para visitar la iglesia románica más antigua de la isla. La casualidad quiso que la parada se hiciera más larga y que acabáramos siendo invitados a este comedor popular que organiza una asociación local – de la que no recuerdo el nombre – cada primero de mayo.

Tan sólo 5 euros, dieron para un buen plato de pasta, cordero, fruta y dulces en compañía de una familia sarda presidida por Piero, cuya estampa me recordó inevitablemente a Fernando Fernán Gómez interpretando a un gran patriarca de una gran familia. Junto a Piero y su señora, sus hijos y nietos, disfrutamos además de salchichón, queso y vino que la propia familia había elaborado y que al amparo de una divertida y prolífica conversación compartieron generosamente con Giorgio y conmigo. El resultado, un almuerzo que guardaré para siempre en la memoria.

Después de varias horas retomamos nuestro camino. Casi al anochecer, el recuerdo del primero de mayo vuelve a intensificarse en nuestra visita a Orgosolo. Orgosolo es un pequeño pueblo en las montañas de Gennargentu que se ha convertido en una pinacoteca al aire libre en la que se denuncian los abusos del sistema capitalista. Desde hace más de 40 años, diversos artistas plasman en las paredes del mismo las injusticias del mundo, y de la isla.

Voy a plantar un Baobab

diciembre 6, 2007

baobab.jpg

A veces enciendo el ordenador y dedico unos minutos a revivir momentos increíbles repasando fotos de esos viajes que hace apenas diez años jamás pensé pudiera llegar a realizar. Ayer fue uno de esos días pero eché de menos muchas de las fotos que hice en Senegal. La historia es muy larga pero se puede resumir diciendo que se quedaron en un abarrotado escritorio de un pequeño cyber de Zinguichor. Por eso la foto no es mía, es de jipol. (¡Gracias por la licencia!)

Muchas de las fotos que extrañé fueron las de los baobabs. No me voy a extender en las  características de este árbol que es símbolo nacional de Senegal, llegando a aparecer incluso en su escudo.  Del baobab se aprovecha todo:  su fruto se utiliza para una refrescante bebida, y también como alimento; de la corteza se hacen cuerdas y con las hojas sopa; con la madera se fabrican canoas y además es capaz de almacenar toneladas de agua en su interior.

Existen muchas leyendas sobre el baobab.  Una de ellas cuenta que si una persona bebe agua en la que se han mojado semillas de Baobab quedará protegido del ataque de los cocodrilos. Sin embargo, aquel que ose arrancarle una flor al Baobab, morirá devorado por un león.

De su curiosa forma, la tradición cuenta también que cuando Dios creó la tierra dio una semilla a cada animal, entregando la del Baobab a la hiena, que siendo un animal poco inteligente, lo plantó al revés.

baobab2.jpgA mí me gusta más la que habla de que las ramas de los baobabs son los brazos de guerreros enterrados, muertos en combate, que pugnan por volver a la batalla, por luchar por un África viva, renaciente. Lo cierto es que cuando estás frente a ellos, consciente de que eres incapaz de abarcar su tronco con los brazos, ensimismada por su fortaleza, por su robustez, su belleza… ganas dan de recogerse en esas ramas, brazos de quereros, y guarecerse y reposar entre ellos.

Antoine de Saint Exúpery  también sucumbió a su magia. Seguro que fue avistándolos desde el cielo. Sea como fuere, os animo a releer el capítulo 5 de El Principito.

Tengo en casa frutos del Baobab. Definitivamente voy a plantar uno.