La maleta de los perfumes

mayo 4, 2009

maleta 

Entra sin hacer ruido. Podría pasar desapercibido, pero su singular silueta se lo impide. Sesentón de piel curtida y frente prominente, camisa blanca y maleta raída. Intercambia unos minutos con el dueño del local. Sonríen. Mientras le sirven un té, observa el lugar, a cada uno de los extranjeros que ocupamos las escasas mesas. Con la misma calma con la que entró se acerca a la primera de ellas y deja, como sin quererlo, un cuaderno sobre la mesa. El abuelo de la maleta disfruta de su té y de la conversación, antes de convertirse en protagonista junto al grupo de europeos que mientras leían su cuaderno, no dejaban de mirarle. Se sienta con ellos y les muestra un álbum de fotos antes de abrir la roída maleta, que ha permanecido en un discreto segundo plano. La mesa se convierte entonces en un mostrador acostumbrado a esta improvisación. Es un mundo de sensaciones, encerrados en pequeños frascos que esconden fragancias de todo tipo ante las que hechizados sucumben nuestros compañeros europeos tras el habitual regateo. Segunda mesa, cuaderno, fotos, fragancias. Nos toca el turno. El cuaderno recoge las impresiones de tantos clientes que han pasado antes que nosotros por este trance. Las fotos son de su jardín. Miles de plantas y árboles que cultiva con esmero y la ayuda de su familia. La maleta de los perfumes nos embriaga y el abuelito de la maleta, sigilosamente, nos embauca.

Agra. Septiembre de 2008.

Blanco, pero de colores

enero 9, 2009

Hoy Madrid amaneció diferente. El gris de edificios y asfaltos se había convertido en un blanco que hacía irreconocibles algunos rincones. Al contrario de lo que hemos podido pensar seguro, todos, la nieve no desapareció en un par de horas… con el ajetreo y el devenir de los trabajadores. El blanco ha sido cada vez más intenso, y quizá por ello, había en la calle menos hombres grises. Más sonrisas, de quienes veían jugar a los niños como jugaban ellos antaño; De tanto madrileño a la japonesa, tomando fotos por todos los rincones; De tantas bocas abiertas mirando al cielo; De inmigrantes que tocaban la nieve  por primera vez….

Hoy el gris se transformó en blanco y reflejó todos los colores.

La foto es de Frodrig 

Encasillados

diciembre 21, 2008

Gitanos, personas con discapacidad, inmigrantes, drogodependientes…

¿Estás encasillado?

El árbol que guardaba historias

noviembre 4, 2008

Quedó pendiente, hace unos meses, “la historia del árbol que guardaba las historias” (…)

arboldehistoriasMe contó no hace mucho, mi cuentacuentos particular que, un día, un joven estudiante observaba sobrecogido cómo varios operarios municipales arrancaban de cuajo y sin control varios árboles del campus universitario con el fin de construir un nuevo pabellón para una de las facultades de la Ciudad Universitaria. Un abuelete se acercó a él, y le contó la historia del árbol que precisamente en esos momentos se elevaba del suelo para ir a parar al remolque de un camión.

– Yo planté ese árbol, cuando era un lozano muchacho como tú. Le vi crecer, porque venía de vez en cuando a contarle historias. Cuando fue lo suficientemente robusto, vine con menos frecuencia, porque a su sombra se refugiaban jóvenes estudiantes que, sin quererlo, le contaban otras historias. No me gustaría que todas esas historias que este árbol guarda se perdieran. ¿Por qué no coges una de esas pequeñas y frágiles ramas y lo plantas en algún otro lugar? De esa forma, las historias permanecerán en el nuevo árbolito, y podrá seguir creciendo si le cuentas otras nuevas.

Y el joven estudiante no se lo pensó dos veces. Recogió aquella pequeña rama y la plantó. Le contó nuevas historias, hasta que sus raíces fueron lo suficientemente fuertes como para trasplantarlo en la plaza de un pueblo de la sierra de Madrid. Pero el joven estudiante quería asegurarse de que ese árbol seguía escuchando historias, para poder seguir creciendo. Por eso, juntó a los niños del lugar y les contó el cuento del árbol que guardaba historias. Y ese arbolito ya ha alcanzado el tamaño de aquél que era arrancado de cuajo en la Ciudad Universitaria. A su sombra, escucha las historias de los ancianos del lugar; las de jóvenes amantes en las oscuras noches de verano; las de los que van de paso y sobre todo de las de los que son ahora niños y conocen su leyenda y quieren contribuir, con sus historias, a que el árbol sea cada vez más grande y a que bajo sus ramas puedan refugiarse, cada vez, más contadores de historias.

Yo no he parado de contárselas a mi baobab.

Naftalina

octubre 24, 2008

Parecía que, como ocurrió con el calor este verano, el frío no iba a llegar nunca. Pero llegó, acompañado del agua, ¡y de qué manera! De un día para otro y todos, claro, desprevenidos. Tan de sorpresa nos pilló que a lo que más olía ayer era a naftalina. Al principio pensaba que era algo que llevaba yo encima, pero luego me di cuenta que a veces, cuando se te acercaba alguien lo suficiente como para oler su… ‘perfume’ era cuando aparecía ese olor a las bolitas de la ropa. ¡Claro! Se ve que todo el mundo debió amanecer y correr al armario y al trastero a buscar el abrigo de invierno. Y por eso olía a naftalina en la panadería; en la librería; en la cafetería… Con el aire que hizo ayer… no habrá tardado en desaparecer.

La foto es de etringita